¿Dónde está el jurel? Desde Inpesca explican el fenómeno que afecta a la principal pesquería pelágica del país

La escasa presencia de jurel en las zonas habituales de pesca frente a la Región del Biobío ha encendido alertas tanto en el sector pesquero industrial como artesanal, dada la relevancia económica, productiva y laboral que tiene esta especie para la zona centro-sur del país.

Mientras las capturas registradas están muy por debajo de los niveles habituales para esta época del año y las flotas han debido intensificar labores de búsqueda sin resultados consistentes, desde el mundo científico la explicación apunta a un fenómeno oceanográfico conocido, pero de alta complejidad.

El director ejecutivo del Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca), Aquiles Sepúlveda, explica que el principal factor detrás de esta situación es la alteración de las condiciones ambientales marinas observadas desde fines de 2025.

“Desde diciembre comenzamos a observar la presencia de aguas más cálidas frente a la costa chilena y también peruana, una condición oceanográfica anómala que modifica el hábitat habitual de especies pelágicas como el jurel y altera su distribución”, explica.

Sepúlveda —biólogo marino, doctor en Recursos Naturales y miembro del Comité Científico vinculado al jurel en la Organización Regional de Ordenamiento Pesquero del Pacífico Sur (ORP-PS)— detalla que este tipo de cambios genera respuestas adaptativas en los peces.

“Cuando aumentan las temperaturas superficiales, el jurel tiende a desplazarse buscando condiciones más favorables, ya sea en aguas más profundas o migrando hacia otras zonas. Como se trata de una especie altamente migratoria, su disponibilidad cambia drásticamente respecto de los patrones habituales de pesca”, señala.

Alta dispersión y complejidad operativa

Uno de los principales desafíos ha sido la dificultad para localizar concentraciones comercialmente viables del recurso.

En coordinación con el sector pesquero, Inpesca ha participado en el análisis técnico de distintas exploraciones destinadas a identificar zonas de presencia del jurel.

“Se han realizado varias exploraciones en amplias áreas del Pacífico suroriental, incluyendo sectores cercanos e incluso más allá de la zona económica exclusiva, sin detectar agregaciones suficientemente concentradas que permitan una operación pesquera normal. Lo que observamos es un recurso altamente disperso”, afirma Sepúlveda.

El experto añade que el comportamiento del recurso también podría estar asociado a cambios en la disponibilidad de alimento.

“El jurel sigue dinámicas ecológicas complejas. Si sus fuentes de alimentación, como determinadas especies de krill, también cambian su distribución, el recurso naturalmente ajusta sus desplazamientos”.

Un fenómeno con precedentes

Aunque la situación actual genera preocupación, no se trata de un evento completamente inédito.

Sepúlveda recuerda que durante 2016, en el contexto de un episodio cálido de características similares asociado al denominado Niño costero del Pacífico oriental, también se observó una disminución significativa en la disponibilidad del recurso.

“Ya hemos visto fenómenos comparables. En 2016 ocurrió una situación semejante, con una caída importante en la disponibilidad del jurel durante parte del verano y comienzos de otoño. Posteriormente, hacia invierno, las condiciones comenzaron a normalizarse y la actividad pesquera logró recuperarse”.

Señales de recuperación

Pese al complejo escenario, algunas señales recientes permiten mantener expectativas moderadamente optimistas.

“En los últimos días ya se han registrado eventos puntuales de captura más cercanos a la costa del Biobío, lo que podría indicar el inicio de un cambio en las condiciones de distribución del recurso. Sin embargo, todavía es prematuro hablar de una normalización”.

El director ejecutivo del Inpesca enfatiza que el comportamiento del jurel está estrechamente vinculado a procesos oceanográficos dinámicos, por lo que el monitoreo permanente es clave.

“Este tipo de especies responden rápidamente a cambios ambientales. Por eso es fundamental seguir observando la evolución de las condiciones oceanográficas y mantener una coordinación técnica activa entre ciencia, flota e institucionalidad pesquera”.

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